Orígenes

ORÍGENES

El joven Francisco Darder entró muy pronto a formar parte de la Congregación seglar de la Natividad de Nuestra Señora de Belén de Barcelona. Acudía diariamente al Hospital de la Santa Cruz para lavar, cortar uñas y cabello, y afeitar a los enfermos. Siguiendo el ejemplo de otro congregante, Darder convocó a tres mujeres, llamadas desde entonces «Señoras Darderas», con el fin de que asistieran y sirvieran a las mujeres enfermas del Hospital General de la Santa Cruz. Con ese fin, compró dos casas en la calle del Carmen de Barcelona, donde se trasladaron a vivir las primeras Darderas: Mariana Escolà, Catalina Pons y María Figueras.

En su testamento, Francisco Darder cedió sus bienes a la Congregación seglar de la Natividad para que cuidasen a las Señoras dedicadas a las enfermas del Hospital, con la máxima de que debían servir: «de día y de noche, constantemente, incesantemente, perpetuamente».

Cuando Isabel Ventosa sintió la llamada de Dios e ingresó en la comunidad de las Señoras Darderas de Barcelona, ésta no era todavía una comunidad religiosa. A pesar de ello, y animada por el director espiritual de la comunidad, Manuel Cavaller, decidió dedicar su vida al cuidado de las enfermas y vivir su vocación en el seno de esa comunidad.

En 1876 fue nombrada superiora de las Darderas y decidió ampliar el campo de apostolado con asistencia a enfermos en casas particulares y formación a jóvenes.

Finalmente, ayudada por el Dr. Antonio Ríu, director espiritual de las Darderas, y el Dr. Salvador Casañas, Obispo de Urgell, redactó las nuevas constituciones que regirían la comunidad, mostrando su peculiar estilo de vivir el evangelio, y convertiría la causa pía en una congregación religiosa, adoptando, por deseo explícito de las Hermanas, la Regla de la Tercera Orden Regular de San Francisco de Asís.